

El Templo y Ex Convento de San Juan Bautista Coixtlahuaca, hermoso conjunto dominico, fue terminado en 1576 según consta en su fachada. El templo, un claustro, una capilla abierta y un atrio conforman uno de los ejemplos más peculiares del arte y la arquitectura novohispana del siglo XVI. Su decoración, principalmente la del exterior del templo, presenta rasgos originales, además de magníficas esculturas entre las que destaca una serie de nichos en forma de concha, grandes rosetones, medallones y símbolos de la pasión.
El conjunto es de una gran belleza arquitectónica. La portada es de carácter renacentista. Los retablos del interior son de estilo churrigueresco. En su construcción se aprecia el arte tequitqui, obra escultórica ejecutada por artistas indígenas en dos dimensiones con superficies planas y bordes cortantes que aún no estaba familiarizada con la obra europea tridimensional.
Su capilla abierta, dedicada a San Juan Bautista, es una de las obras cumbre dentro de este singular fenómeno que fueron las capillas abiertas en México; es uno de los ejemplos más sofisticados de bóveda de piedra tallada del nuevo mundo.
La decoración, principalmente la del exterior del templo, presenta rasgos muy originales, además de magníficas esculturas, entre las que destaca el conjunto formado por San Juan Bautista, flanqueado por San Pedro y el Apóstol Santiago y una serie de nichos en forma de concha, grandes rosetones, medallones y símbolos de la pasión.
Amplísimo, enorme, es el atrio en cuyo centro se encuentra el monumento, pero que se empequeñece ante la majestuosidad color de rosa del edificio, que impresiona por sus proporciones y por las armoniosas portadas que lo adornan; pero sobre todo, porque es único en su estilo.
La portada principal irradia alegría: ya en la profusión de nichos, ya en los medallones platerescos, en enjutas y tableros; en esa inscripción latina de su alfiz, con las siglas de 1576; en esas águilas bicéfalas de Carlos V, y en ese delicioso rosetón central, remembranza de catedrales góticas.
La portada lateral es tan suntuosa como la principal. Ambas del siglo XVI son contemporáneas del convento. Semejante a la principal, tiene ésta, sin embargo, algo de sumo interés, de lo que la otra carece: altorrelieves esculpidos sobre los tableros laterales que revelan los símbolos del Vía Crucis donde la intervención indígena hace brotar de la boca de algunos de los personajes, la peculiar vírgula de la palabra, como en los códices precortesianos.
A un costado de la portada lateral en ángulo con el templo, se encuentran los restos de la capilla, desprovista de su rica bóveda de tracería, desplomada hace tiempo. Hoy sólo quedan ménsulas y arranques de las nervaduras. El arco triunfal de la capilla de diseño renacentista, se mantiene en pie.
Si el exterior del templo impresiona, su interior deslumbra con sus dimensiones y arquitectura. Grandiosa nave sin crucero, con cabecera al oriente; techumbre abovedada, rica en nervaduras.
Una curiosa puertecilla que permite el acceso al coro alto, exhala también antigüedad en su arco conopial y las góticas hojas de sus puertas, obra de maestros españoles, y en las enjutas, de piñas y flores, obra de artesanos chocholtecas.
Tras el arco triunfal y bajo la estrella tejida con las nervaduras de la bóveda, el retablo del altar mayor cubre toda la superficie del ábside, con magníficas pinturas, esculturas y pilastras doradas, semejando en su conjunto, monumental relicario.
El retablo fue construido en el siglo XVIII, en él se utilizaron magistralmente elementos pertenecientes al primitivo del siglo XVI, como las excelentes pinturas atribuidas a Simón Pereyns y las encantadoras columnillas platerescas que enmarcan cuadros notables, como la Aparición de la Virgen a los Apóstoles, la Presentación al Templo, la Adoración de los Reyes, la Anunciación y la Adoración de los Pastores. Estos dos últimos cuadros son muy semejantes a los que pintó con los mismos temas Andrés de la Concha, para el altar mayor de la iglesia de Yanhuitlán. Gran dramatismo revelan las pinturas de los apóstoles que se ven en las predelas.
Por lo que se refiere al propio edificio conventual, que servía de albergue a los frailes, sólo restan sus ruinas. Entre ellas se mantiene aún erguido el claustro. Construcción masiva del tipo medieval.